ayer tenía que ser un día feliz pero no lo fue. todo estuvo por empezar mientras pude mantenerlo sin empezar y por eso acabó de repente con cada una de todas esas palabras. habían dos chicas a como dos mesas del bar que, mientras el vacío se hacía con éste y conmigo, se daban la mano. durante todo el rato del final no pararon de hacerlo. una, la de la derecha, daba la mano izquierda a la de la derecha, que daba su derecha a la de la izquierda. a veces cambiaban de mano porque se las daban de una manera demasiado bonita como es darse la mano en el aire, sin tocar esas mesas cuadradas de bar que imitan madera oscura y tiene los cantos negros. jugaban con sus dedos en el aire mientras se comían y las bebidas frías se calentaban también. movían los dedos y se los entrelazaban varias veces poco a poco hasta que la fatiga de sus brazos en el aire aparecía y cambiaban. yo sólo las miraba a veces pero sabía lo que hacían en todo momento, como si aquello ya hubiera sucedido pero a mí. sentía que quería que alguna de ellas, al salir de ese bar e ir a ponerse la una de la otra, de camino, dijera tan sólo una de todas esas palabras y una tristeza partiera ese momento en dos momentos, uno para cada, y que, entonces, una, mirando hacia abajo, echara una lágrima en el escalón de un portal cualquiera mientras la que mira hacia arriba, que será quién acabará llorando durante más tiempo cada noche cuando todo acabe, tuviera por primera vez la certeza que querer no es suficiente y por eso querer duele.

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