mari luz

hoy he creído que te vas a suicidar. por eso he estado escondiéndome de ti en otros cafés del barrio donde sé que no vas a poder llegar. porque éstos están muy lejos para ti que te mueves con tu muleta de adoquín en adoquín típico de mi ciudad; o porque están en sentido contrario a las líneas de bus que coges para ir a la playa a hablar con el mar o el viento, a pedirles cosas como tú me cuentas; o, sencillamente, porque me recojo en mesas donde tu vista no va alcanzar verme porque conozco a qué distancias ya no ves. que hayamos acabado hablando hasta terminar empezando a escribir de ti así es esa clase de cosa que ella decía que sólo podía sucederme a mí. como cuando en abril de dos mil siete llovía tanto tantas veces seguidas y me refugiaba en un bar cubano a tomar café y, su dueña, la primera vez que estuve, cuando lo encontré, me invitó al café porque -a un niño soñador como tú, lloviendo como lo está haciendo, no puedo no invitarle al café-. si te contara esto último estoy convencido que me preguntarías sobre la dueña de ese bar: si la volví a ver más, o dónde miraba, por cuánto tiempo y cada una de las mujeres en las que pensaba mientras no hablaba y sólo miraba, si fueron amantes o amigas y si yo me las había follado o fueron ellas. preguntas esa clase de preguntas cuando me escuchas como si leyeras los libros que ya no puedes escoger, aunque siempre acabes preguntándome por qué estoy tan triste o gritándome sobre mi autoestima esto, mi autoestima lo otro. no vamos a tardar mucho en despedirnos, también te vas a morir pronto. por eso te huyo aún más… da igual que te mueras o te suicides, te estás muriendo y nuestro cruce se habrá acabado. como sucederá con tantas otras cosas, también me arrepentiré de haberte huído el día que supe que te estás muriendo o del abrazo que no te he dado hoy cuando tuve la mínima expresión de ganas de dártelo. me calma llevar a paula al parque y explicarle que vamos a hablar con los árboles y respirar como tú me cuentas que lo haces. tengo la certeza que un poco de ti va a estar en su vida, que es la vida que importa. cuando ya no estés y ella pueda preguntar, le explicaré que se lo enseñaste tú y que te vio dos veces en su vida. eso me calma, siento alivio y me hace sentir humano aún, como si me perdonara por todas las cosas que haría en abril dos mil cinco y que no hago. como sentirme.

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