una noche en una plaza y en una isla

hotel nadir

me quedé mirando a una chica que me dio medio pena. no me recordaba a nadie, sólo puedo decir que servía mayoritariamente pizzas en una plaza y que estaba muy seria. reconozco esa cara de mal humor porque yo la tengo cuando me pone de mala leche lo que hay, lo poco que quiero hacer lo que hago.
parecía tener un trabajo para no quedarse en casa y parecía ser una estudiante de filología. así la bauticé. -¿te das cuentas de que igual nunca volvemos a ver a la estudiante de filología?- le pregunté.

paseamos y nos reímos. nos dimos la mano. dejamos la terraza del restaurante atrás. de vez en cuando nos parábamos para besarnos por ahí porque sí. sólo pensaba en nosotros y en lo que iba contando: uno vive y por un momento piensa en las inseparabilidades de algunos momentos vividos. y, ¿cómo alguien está tan adentro de tu vida y de repente: 1. pasa el tiempo, 2. lo que parecía imposible pasa, 3. ¡chas! 4. sabes que no vas a volver a ver al alguien de cualquiera de las maneras de no ver, 5. eso no sea lo importante, sino que no te importe ese antónimo temporal a posteriori? como preguntarse cómo es posible conocer a alguien y en unas horas estarse dentro.

mientras pensaba y no hablaba, agarraba su mano fuerte como si me inventara una despedida, como si ésa fuera la última vez que íbamos a estar juntos, sólo para hacerlo todo aún más intenso. como si de una manera ficticia fuera a ser verdad. tu carta fue una parte de la historia releída. me escribiste -nadie puede ser tan valiente para preguntar eso sin estar completamente seguro de la respuesta- y no siempre es cierto, porque esa noche tuve un poco miedo, así que sí fui un poco valiente. siempre hay que serlo cuando se trata de palabras.

el último día que estuvimos en nuestra última ciudad, se quedó dormida en el coche mientras hacíamos tiempo para volar. yo la miraba como ella me miraba por las mañanas, supongo que porque en algún momento tuvo los ojos tristes. estaba guapa. siempre he dicho que, aunque sea una putada, le sienta bien la tristeza; a la mayoría de gente no le sienta bien la tristeza.
al otro lado vi a la estudiante de filología. no lo esperaba, pero igual ésa sí fue la última vez.

^ hotel nadir. cerdeña. agosto 08.

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