todas las cosas se ven después

tengo la manía -y digo manía porque es así- de no hacer caso a lo que presiento. puedo hacer caso a lo que siento como se debe sentir, pero no a lo que presiento. a veces sí, pero no la mayoría. llevo una semana que prácticamente en cualquier situación he recordado un aniversario que se me ha pasado por alto. fue la última vez que jugamos a un juego de niños. el último turno de la noche fue mío y lo sabía. miré ya de bajón y susurré sin ánimo de atención; uno: que iba a ser mi turno; y dos: que ese beso iba a ser el importante. dos veces hablé. me recuerdo bien: -este beso va a ser el importante-. ¿es posible envidiarse uno? pues lo hago cuando me remomoro con tanta seguridad en mí. luego, un rato después, me fui a dormir sin tener en cuenta lo que había dicho. tenía de todo menos eso en la cabeza. y ahí el ejemplo. ¿qué hacía yo allí? no quería ni la bajada, ni la subida, ni la bajada, ni el viaje. ¿qué hacía yo allí? mi deriva la sentía como un virus que se había contagiado de tanto hablar y allí estaba haciéndome preguntas fuertes. me hubiera gustado irme, pero tenía sólo una sensación: afuera me iba a encontrar a alguien que quería matarme o al menos hacerme daño. podría haber tenido el valor de salir a la calle y ser un terrícola. uno que había pre-sentido dos cosas seguidas. ahora es cuando tengo la sensación que al día siguiente sólo te iba a coger el teléfono a ti.

como me suele pasar, me he ido por las ramas. el otro día te fuiste en avión muy pronto, de madrugada. no pude acabar de dormir. tenía lo mismo… como si quien volara fuera yo. y más oliendo tremendamente a ti como desde el primer día que te olí jugando a un juego de niños. como tener miedo por dos.

el ascensor tardó en llegar porque tardé en escuchar tu maleta haciendo ruido por sus ruedas con la acera. se alejó el sonido. paraste; paso de cebra. fue al poco… el colchón de látex se undió a la altura de mis pies, como si se sentara alguien de una manera profunda. alguien tarareando algo, además. en cuanto tuve miedo se fue, como se va la sensación de un presentimiento cuando pienso otras cosas. y he aquí la cosa: me he pasado más de un día teniendo miedo a los fantasmas. el miedo infantil, obvio. así que desde ayer, mientras entraba a gràcia por el sur, decidí pensar que tengo un séquito de guardas que no se ven que no van a dejar que me pase nada. estoy protegido por las estrellas. y he aquí otra cosa: ni a mí, ni a ti. todo va ir bien.

voy a utilizar una de esas expresiones que no me gusta nada leer (”ha pasado un año”): ha pasado un año y tengo los mismo billetes que hace un año. contigo.

^ he hablado mucho de “subterranean homestick blues” y como una cosa me lleva otra y todo está en todo, me viene de fábula lo que te regalé

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