mi turco de kreuzberg

hacía mucho tiempo que no me iba tanto como en kreuzberg. la gente me miraba y me decía rayao en germano.

llevaba puesta una camiseta que decía “cuba”. fue como lo mejor que se me ocurrió para levantar lo que se me cayó al despertarme. buscaba dónde comprar un acordeón siguiendo las premisas que inventé que había que seguir para comprar un instrumento nuevo: tiene que ser de segunda mano y tengo que andar mucho para encontrarlo y tiene que ser aquí y hoy y no puedo comer hasta entonces. fue como un término medio entre buscar algo y ser encontrado por ello, y con muchas conjunciones. caminé tanto que me perdí, y cuando yo me pierdo es que estoy muy perdido y lo estoy del todo. en ese barrio hay canales como en amsterdam, yo creo que fue por eso. amsterdam no me gusta para mí, es una ciudad para ir sólo cuando se acabe el mundo.

viendo la torre de alexander platz desde cualquier punto, aupado o dando brincos, no me dio la gana de mirar un mapa. había dos calles bordeando el canal que seguí casi todo el tiempo de pérdidas. me estaban jodiendo lo que me quedaba de lo que se me había caído al levantarme. eran las calles maybachufer y paul-lincke-ufer. tuve que decidir cuál parecía más cerca de alexander platz y entonces comer en algún sitio. era muy fácil, muy dual: o una o la otra. aún y así, con la torre vista desde cualquier punto en la ciudad más orientable del mundo después de la de nueva york, me equivoqué, con lo que yo odio equivocarme y equivocándome en lo que creía que se me daba mejor: la orientación. no puedo llegar a contarte la cantidad de cosas que me pasaron por la cabeza mirando la calle adecuada con indignación desde la calle inadecuada. sólo te puedo decir que, después de todo, estoy aquí y que me voy pero vuelvo contigo o con quien me quiera volviendo. así que pasó algo de esas cosas que digo que me gusta que me pasen a mí: entré en un restaurante tremendamente barato con un millón de variedades de platos de espaguetis, escogí la variedad quinientos mil y me giré. fue entonces: había un piano muy antiguo que por supuesto quise tocar. nos comunicábamos con las manos el turco y yo. tanto para decirle que quería la variedad quinientos mil como para perdirle que me dejara que un instrumento me salvara el día. él era muy simpático y obvio. gesticulaba así: claro y obvio. era el mejor turco que podría haberme cruzado, el mejor de todos los turcos cruzables en kreuzberg, un respiro para las personas perdidas por kreuzberg, con un restaurante de chaflán de parís, vacío y digno, un piano empotrado mirando hacia la terraza.

toqué “between the bars” medio tarareando muy bajito. el turco se unió a la segunda estrofa. ¿por qué estaría vacío el bar con la memoria y oído que tenía su dueño?

no me cobró por ir al baño y me subió la moral tanto que acabé en alexander platz sin acordeón pero mejor así.

^ ayer por la noche hablamos de una idea que necesitaba probar hoy: lo intento tocar yo

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personal

3 comentarios

no sé cuánto tiempo tardaré en acostumbrarme a la terapia de hipnosis… tampoco sé (todavía) determinar el tipo de secuelas que provoca someterse a la dictadura de tus emociones musicales…

al tipo de tu camiseta, el cantante, como tantos otros, se le fue la vida en ello… pero, por suerte para ti (y para todos) una llamada de teléfono puede cambiar el destino. lo demás es OBVIO y te lo puedo decir más y mejor mirándote A LOS OJOS.

abrz!

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Igual es un pensamiento autoexculpatorio de los míos (¿quién me va a perdonar si no?), pero encontrar es un verbo mucho más recíproco de lo que parece. Aunque entonces el crimen estaría en otro sitio… Bonita elección. Perderse ya depende más de uno mismo, pero cuando alguien encontró su norte, sobretodo si tiene nombre bonito… pues eso, que hay que intentar que nuestro norte no pierda su propio norte, o mirar la brújula y encontrarnos todos tan perdidos sin nuestro punto más cardinal… Bonita elección.
Los bares nos salvan a medias. Between the bars… a veces me siento tan a salvo, como si fuera de bar en bar y me perdiera más de la cuenta eso que hay en medio, toda la canción.

P.D: el fallo fue entrar en ese restaurante a comer, pero mejor así.

Xavi, suerte de lo OBVIO.

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