munich

a veces no me parece que sean muy felices los que están en el otro lado, pero lo parecéis la mayor parte del tiempo. a ti te veía la mayor parte del tiempo ahí, como si estuvieras en otra acera. debe ser por eso que siempre o casi siempre nos encontrábamos de frente. eras mi peatón, mi vianante favorita. solíamos quedar en medio de carreteras, o calles, en el tiempo que me dejaban tus coches y nos dejaban los coches y los semáforos. antes de volver hacia la tuya te miraba como te gustaba y te preguntaba acerca de esa acera, y de la cantidad de cruces que veía calle arriba o calle abajo. tú no lo notabas, pero yo te escuchaba muy atentamente, por si un día estuviera de repente donde tú. el momento siempre parecía tan perteneciente a sólo nosotros; parecíamos en la misma. tú no me parecías feliz en tus respuestas, pero lo fuiste, o, al menos, dormías bien. ya he conocido a muchos peatones, pero no merece la pena del todo admirarles como lo hacía cuando tú. no les pregunto tanto, qué se yo… no es como cuando hablábamos, que cada uno parecía saber responder y preguntar con encaje perfecto. una vez me constestaste que ser fea o guapa no era algo al alcance de tu opinión, porque sólo dependía de los demás. ¿sabes? voy a volver ser una persona con deneí y por eso tuve que hacerme fotografías. no me acabo de creer que sea yo, salí realmente horrible… pero lo importante fue que me acordé de aquel día y ya no pienso preguntarme cómo soy, depende de ti y de más como tú. nadie parece tener la descripción de la realidad en la punta de la lengua, así que todo pasa a ser una cuestión del gusto de la suerte.

* the yeah yeah yeahs – maps

^ hace unas semanas fuimos a acabar el día a un café. me gustan lo sitios que sirven zumos de marca “vida”. vi una caja de baraja en la zona de los juegos de mesa y pensé que significaría algo si la primera carta al abrir la caja fuera un dos de picas. y fue así. joder, quise esa baraja al instante. como no había manera de decidir un precio para comprar esa baraja a la chica que nos atendió, le propuse cambiársela por otra baraja. la compré al día siguiente, martes, en un bazar. me costó más cara que en los chinos, donde valen un euro. empecé a pensar que pudo ser la primera carta un dos de picas, porque quizás ésta encabezaba el orden natural de las cartas de una baraja francesa, y tras el dos de picas vendría el tres, el cuatro, etc. cuando intercambié la baraja, salí del bar ilusionado, como si me fuera la vida en lo que esperaba del orden de esa baraja, así todo es más sencillo. fue como las cosas que pudieran continuar siendo como me gustaría que fuesen.

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personal

1 comentario

este “cuento” me ha encantado sobretodo porque yo también tengo mi peatón favorito.
yo justamente vengo ahora de recoger mi dni, después de dos años sin. perdí el resguardo en su día, me caducó e iba con el pasaporte a todas partes. me daba vergüenza ir a comisaría, hasta hoy, que me lo han dado.

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