doses de picas

hace meses, en la plaza narcís oller, una de mis preferidas, me encontré un dos de picas en el suelo, del revés. la tengo colgada en la pared. estaba un poco húmeda. casi cada día paso por esa plaza. no recuerdo qué hice el día en el que la encontré; me refiero a si me senté en los bancos, paré, llamé o seguí buscando gran de gràcia. era un dos de picas. me pareció que formaba parte de la clase de cosas que quiero colgar en mis paredes. cosas con sentido. me gusta que todo tenga un sentido, es mi preferencia; yo no creo a quienes dicen que no todo tiene un sentido. mentira o verdad, encuentro una señal y, por favor, que nadie me lo venga a desmontar. me parece que aquel día era de otoño. ya tenía mis paredes. fue antes de echar la jarapa al suelo. tiene que ser noviembre, con toda seguridad. me lo tomo como una gimnasia: miro a mis paredes, sé qué significan y por qué cuelgan esas cosas en ellas; entonces unas te llevan a otras. luego acabo hablando de quiénes hay detrás.

hace una semana, justa, volvía a casa. quizás faltan dos o tres horas para que haga una semana exacta en el tiempo. eché de menos uno de mis pasaportes. creo que eso me define bastante bien: no tengo deneí, tengo dos pasaportes y voy por la vida identificándome con el carné de conducir, que se vé que ya no tiene entidad identificadora. la gente de alrededor estaba amable. el camarero del heliogàbal me sonreía como sabiendo que acabaría lagrimeando la cita. me daban tres fuegos cuando pedía uno. los taxistas no sabían como darme conversación, pero velaban por mí con el retrovisor, me arropaban con una conducción suave y sincronizada con los semáforos en verde. ningún peatón corrió peligro. todo extra era mi cómplice, y a mí eso me emocionaba iténsamente. me sentía un héroe reconocido de la evolución individual. el ajeno apreciaba mi fuerza para mantener el paso firme pese a la gravedad de la botella de cava a caracán; nadie se apartaba. uno entre chico de barrio y carita de niño bueno, estaba ahí, al pie de cañón celebrando el aniversario de su horfandad semi, como el queso. mirando a todos por igual: negros y blancos, chungos y pijos, tíos y tías. no negué un cigarro a nadie. los taxistas vistieron de gala su refranero más sabio. yo era manolete, el de los sellos. mi generación se sentía orgullosa de mi esfuerzo, lo notaba. en un momento a solas, me encontré otro dos de picas, esta vez sin romper, no del revés y en su derecho una letra anciana decía: -con tanta lola bailando, ya no sé si hay una o 2-. la tinta del bolígrafo debió acabarse con el dos, está escrito a trompicones. la tinta es azul. tengo la carta delante, a la derecha del cenicero. a la persona de la escritura le debió parecer poco claro el dos, así que de éste nace una flecha señalado uno de los dos número 2 que hay en toda baraja de póker. además, ese 2 está en un círculo de tinta. la presión en la carta y el trazo confirman la sospecha del fín de la tinta. justo a la derecha de 2, dice -dà-. el acento es abierto y está alejado de la a. además, parece otra tonalidad de azul. da, de dar, quiero entender.

estoy convencido de que converger con la misma carta tiene un significado. entre ambas cartas en distintos puntos del tiempo y el espacio, marta me regaló el dos de corazones firmado por ariel rot, el día que conocí a siloam. otro dos, con sus dos doses. ¿por qué -además- todos los mecheros de este piso son violáceos últimamente? asímismo deben formar parte de algo. esta semana santa he comido carne y he bromeado sobre la resurección. también he profundizado en el humor negro y en el humor absurdo. no he tomado drogas desde hace más de dos meses. además, me he preguntado si las cartas trazan un camino, ¿estoy en el bueno o en el mismo? ¿el bueno sigue siendo el mismo? lo pensé sobre una piedra, cerca de una pequeña catarata. quería ver si el miedo a caer y formar parte del agua que caía con tanto fragor me aceleraba la respuesta. me pareció lógico obtener una respuesta allí, tan cerca del ciclo del agua. me parecía que el agua podía crecer de un momento a otro. seguramente sigue igual, pero soy de ciudad. nadie sabe las ganas de vivir que tuve cuando brinqué a la otra orilla, una roca hizo de aislante sonoro y el ruído no era tan exajerado. también me lo preguntaba constantemente al ver los molinos de viento de cerca. ¿de qué camino habla la casualidad de las cartas? voy a limpiar la nevera ahora mismo, debido al olor. no sabía que las fresas se pasaban. puto moho; suerte que no les eché nata. parecían tan frescas. las hamburgesas caducaron el viernes. una fiambrera de mi tía contioene ya potaje coagulado. el domingo es mi santo, y la nevera no olerá por mi culpa. me relaja fregar. me tengo que duchar. no me da tiempo de liar un leño.

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9 comentarios

“dos caminos, el bueno y el mismo”, a mi también me hace pensar…
echaba de menos los textos largos, desprenden un montón de cosas de ti, yo luego las reordeno, a mi manera, con más o menos acierto…
un saludo chico de barrio!!!

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que evocador, jordi (yo tengo una monedita exótica de ese día, y un video con “salsa” y así…)
ayer me regaló mimdre una flor, porque era mi santo, según ella; nunca he celebrado mi santo, pero me hizo mucha ilusión.
a la flor le añado tu palabras, y algún libro tb.
y sí, seguro q existen esos caminos invisibles, casuales, el azar, si tu lo sientes ya existe algo en esaos corazones de pocker.
besiños.

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sí, estoy de acuerdo contigo yellow, las cosas tienen que tener un sentido. si no lo tienen, dárselo.
me ha gustado.
además, como que va muy bien para hoy. (aunque lo leí ayer). es que acaba de ponerse a llover pero así en plan como en la foto, con nubes negras, rayos y truenos. y me gusta que sea así de vez en cuando.
1 beso

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joder, felicidades xD…dios a veces me meto tanto en un color, que olvido que no te llamas yellow xD..con retraso (mental y temporal) las felicitaciones, tal vez no sea una mera casualidad cambiar los nombres por los colores, pero quien sabe…

alguna carta nos espera en cualquier lugar, mientras no sea un As..

..en fin, yo antes era mas joven, o eso me creía…donde tengo la cabeza, cabeza ultimamente..

felicidades jordi!

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Pinkgbacks & Trackbacks

[…] yo tenía un póster de calamaro fumando. estaba en la pared que miro cuando toco. hace quince días me lo quedé mirando deseando que desapareciera, pero el ácido me acababa de ganar y yo estaba lo suficientemente humillado como para moverme de la cama. al muy poco, el póster se calló y pensé -lo único que debería poder conmigo es mi cabeza-. mientras escuché cómo se comenzaba a despegar, intentaba dormir mirando la pared a la que quisiera que miraras o dieras la espalda -no te sientas aludida, no eres tú-. me giré. le quedaban sólo las dos puntas inferiores para caer en su totalidad. sonreí con mucha fuerza y me giré para acabar de contemplar la hazaña. la mierda me hizo escuchar el poco a poco del fin del proceso. de calamaro no quedaba nada, tan sólo su revés, completamente blanco. lo estaba escuchando absolutamente todo. al fin, se fue al suelo y me lo quedé mirando envuelto en el edredón. hacía un frío psicotrópico importante. a la mañana siguiente me puse las gafas de hipermétrope y no me las quité en todo el día. desde entonces veo que te estás perpetuando, pero no lo vas a saber. a los tres días arrugué el póster y lo lancé al primer contenedor de papel de hospital militar. a los doce me encontré cuatro cartas de una baraja de póker. cuando vi la primera quise que fuera un dos de picas, pero era un siete. las otras no se parecían en nada al dos y estaban cerca del primer contendor de basura órganica de hospital militar. pero lo mejor vino al día siguiente, porque me encontré un rey de picas. por las noches pienso en a dónde me pierde el mundo que hay tantas cartas. […]

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