episodio iv

en otros días le hubiera comprado el medio gramo, pero en la noche de ayer fue lo de menos, aunque parezca que el balanceo de mi estima por mí sea lo único que me deje resaca emocional.
imagino qué se puede pensar al leer la frase anterior, y que podría ser más evidente y decir más claro que hace un año que en mi sangre no hay más química que la roja, pero para ser evidente ya soy como soy fuera de aquí, con quienes me conocen, o, al menos, me gusta sentir esa especie de ironía. supongo que me define.

recordé a billy (vicent gallo) en buffalo 66, de vuelta en un taxi con un taxista de acento colombiano en un toledo de los nuevos. al salir del apolo, me pidieron un cigarro que ofrecí sin mirar a los ojos excepto para responder al merci nen sin decir de nada -por protocolo-. luego se puso a mi derecha y me ofreció cocaína mientras bajaba nou de la rambla para encontrar paralelo. se convirtieron en dos al llegar al cruce, y aunque el segundo no sonaba tan gangoso y mal, sí me sacaba la suficiente altura, anchura y violencia como para tener ganas de echar a correr; así que me dio rabia pensar que alguna vez hubiera comprado por cualquiera de las maneras de tener miedo. al deseo que quedó del día, y el morbo que sobraba, los convertí en vicio para ojos, con tantas noches detrás que no llegaron a ser; usé lo que he dicho que quedó y sobró para alocar y desordenar frases repetitivas, y turbar negativas respondiendo aleatoriamente.
se me ocurrió insultarle, pese a que habían desistido venderme para consumir y luego para pasar, complementando -como sucede en la lógica- una de mis frases del desvarío -yo soy como tú-, justo en el paso de cebra con la mirada hacia el puerto, con otra frase -yo no tengo nada, yo soy un desgraciao, eso es lo que soy, debería estar muerto-. y lo dije porque si yo soy un desgraciao, y soy como él, él es un desgraciao como yo, y debería estar muerto; de algo debe seber una ingeniería. es evidente que alguna vez lo sentí, porque no suelo hablar de lo que no he sentido. supongo que me define.

hora antes de todo eso, me volvieron a intentar vender mientras esperaba que se quedaran libres los lavabos con puerta -ya que a veces no sé mear sin puerta- aunque en vez de pedirme un cigarro me preguntaron de dónde era. pensé entonces que cuando entro dentro de mí, se me hunden los ojos, y la profundidad me da la fuerza suficiente como para no pensar que no soy lo suficientemente atractivo como para no esperar más de veinte minutos a que me sirvan un balantainscola, aunque, si estoy dentro, me parezca que si sigues las reglas del juego, la vida no sorprende. y el entrar y salir es, al parecer, lo que estimula mi alrededor; como si te follaras todo; o la mano invisible de adam smith.
justo antes de que me pidiera el cigarro, creí que alguien -infinitamente distinto a como yo vestía- me pedía otro cigarro y me acerqué; pero lo que quería era meter el índice de su mano derecha en la fosa izquierda de mi nariz. di un paso después y recordé lo mismo que recordaría inmediatamente después con los dos camellos, así que no di el segundo paso ni reí ni miré al suelo otra vez. sólo le pregunté por su comicidad y le eché mal de ojo.
en realidad fue tan surrealista o absurdo como que esta mañana mi madre me contara que habían habido más explosiones en londres y que habían robado una vaca, la estaban paseando por barcelona, pero nadie sabía dónde la escondían. y eso que me despertó la sensación de que hoy iba a suceder algo (bueno).
inmediatamente después de escribir así, pienso que si a mi madre le pasara algo, si nunca más escuchara sobre sus amigos virtuales de guipuzua, me voy de aquí. igual me define.

el protocolo necesario en la fiesta de la empresa que acabó en el apolo, resultó ser el mismo que el necesario para dar un cigarro a un camello, siempre hay cola para beber y lo mejor es mirar al suelo para evitar hablar de que, al parecer, lo que sucede en nuestras vidas es que estamos cenando esa noche. tampoco se puede contar que llené tiempo esa tarde mientras sudaba, pensando en que me gustan las mujeres a las que el deseo les cambia el brillo, o la multitud de veces que he disfrutado un café comenzando a contar con quién me iba a decir a mí.
sin alguien cercano, entre el suelo y la mesa con canapés, tuve la sensación de quedarme en mi habitación porque mi madre había fregado el resto del piso, pero la luna parecía una enorme casualidad para contar en un café o para que tres nos acercáramos y yo empezara a mirar a más altura que la de una mesa.

a amélie la conocí en un cruce de gracia donde un día nevó, y lo mejor de esa noche, como la de ayer, fue que éstas sucedieron; como entonces, no importará nada más, porque es probable que hoy no pase nada; y quién lo sabe.
así es como todavía entro en mis tejanos.

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personal

5 comentarios

36… y ella todavía entra…

hay ciertos lugares que procuro evitar a toda costa.

mi noche terminó de una forma algo distinta, serpenteando por las calles de Barcelona, y me queda la imagen de ir andando solo, esperando un taxi o un milagro…

luces de neón, el último cigarrillo, el mundo dando vueltas en mi cabeza y una almohada que me esperaba con cierta urgencia.

y todo lo demás también…

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Me encantan los cafés con un <i>quién me iba a decir a mi…</i> y ese cruce en gracia y la magia de los jueves por la noche y las coincidencias de noches de luna llena y tú, él, ella, el otro…

Compartir pedacitos de vida, alentarse en el camino y señalar las nubes.

Gracias Yellow…

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xavi, al final me hubiera gustado estar en el serpenteo. a partir de ese momento que no vistéis, la noche empezó a sobrar. y todo lo demás también. 1abr!

audrey, me encantan que las personas tb puedan ser talismanes. :) fins demàpassat!

dieinch, siempre nos quedará parís.

memoria, ya veo :D

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