los condones de la mala suerte (versión eufemismo en tercera persona)

No voy a contar sobre él sin presentarlo… Travis nació en Cuba, Portugal. Cuando las jaurías de discoteques en voga que sus buitriles amigos organizaban a la edad de las necesidades de sexo convexo, la confusión primera con la Cuba caribeña siempre rompía el hielo con la fauna femenina lugareña, pues poca gente sabía que existía una Cuba portuguesa; está claro que lo hacía aún más su extraño nombre propio.
Lucas, su padre, fue un argentino rubio, de familia bien, judío, que, fuere por huir o seguir –qué más da-, cambió Buenos Aires por un kiosko en el madrileño barrio de Aluche, donde conoció a Edith, la madre de Travis, natural de Toledo, heredera de la más vehemente materna pasión por Edith Piaf, como demuestra su nombre.
Conté que nació en Cuba, Portugal, pero no que fue allí por motivos que no importan; como los que hicieron que cambiaran Aluche por un segundo piso en un número par del carrer de Montpeller, en el barcelonés barrio de Sant Andreu, donde les gustaba vivir lo que vivían en sus vidas con el regusto de que sería efímero; y más por ellos mismos que por los demás.

Rercordó las cosas de las que hablaban mientras borraba su número, pero ya se lo sabía de memoria; era fácil por nemotecnia y por el recuerdo de las cosas de las que hablaban. Travis se retuvo e inseguro ahogó esa cerveza, por probar al derecho, porque siempre hizo al revés… o vice-versa… o igual no sabía qué tenía que hacer; díjose esta vez, pídela tú, mientras hacía las copias del popurrí para el viaje del día siguiente; le encantaba hacer recopilatorios para las ocasiones.
Al cambiar geles, bálsamos y cepillos al neceser nuevo, cayó en que aún tenía un condón de la mala suerte y recordó:
El primero entró dentro horas después de la fresas con nata y la película de Nicolas Cage; era tarde por la hora pero temprano para entrar dentro y a él le deleitaban los preámbulos. No le gustó lo que sí fue sexo sobre una toalla para evitar las manchas de la menstruación en las sábanas blancas como dice la canción; a ella no le importaba follar en esos días; a él menos, pues se trataba de ella.
Con el segundo sonrió eres tía y pelirroja, no me puedo fiar de ti por lo primero más que por lo segundo… pero por una noche qué más da.
Le contó en silencio al Guadalquivir, sin más ganas que las de callar, las de dejar atrás el xsara verde mierda y el toledo negro que condujo hasta allí y por supuesto que nadie le dijera que pusiera una vez más el Terremoto de Alcorcón, las de perderse mirando cavallos de mal hunor, las de escuchar a las chicas que hablaban de amor cerca suyo, y las de adivinar por dónde caería Triana. Días después, del tercero sólo le gustó que Enma, que había trabajado en Barberà del Vallès y se había tirado a su jefe catalán de mierda, naciera en ese barrio de Sevilla; todo lo demás era sucio bidereccionalmente: él fue un mojito de bilis con hojitas de morbo que intentaba no pensar, no moverse; ella tarareaba Bebe, quedaba por short message service con su amiga en la otra habitación y Raúl para la feria de Málaga, mientras apretaba el coño contra la ingle de Travis para que siguiera masturbándola cuando se cansaba de hacerlo; la piel de sus tetas dejó de aparentar suavidad, desapareciendo en la desigualdad bajo el camisón jipi. Bona nit. Quítate la patata de la boca. [A ver si no sólo no me la voy a quitar, sino que te la voy a meter]. No quería correrme tan pronto [, pero va a ser que esto ni es sexo ni es nada, es un polvo sólo para el currículum y me siento mal y me das asco porque yo me doy más y como vuelvas a decir algo en contra de mi tierra lo fliparás, viscaelbarçaiviscacatalunya]. Es igual, ya no importa. Le levantó una bulería y huyó sin mirar a los ojos, najando a por agua helada del grifo del bar de abajo, pero era evidente que él siempre se seguiría.
El cuarto y quinto yacieron en una papelera barcelonesa de l’Eixample izquierdo, porque creyó que el sexo podía hacer que dejaran de hablar de las cosas de las que hablaban.
El sexto, el que tenía entre sus dedos, lo usó para una paja limpia mirando un vídeo porno que no le decía absolutamente nada -ya se sabe: muchas muchas veces el porno es así-; y “follándose” un condón se sintió mejor, pues una paja de cerrar un círculo es bien sabido que sienta bien a cualquiera que necesite cerrar.
Y a mí toda la historia de Travis y sus condones me recuerda a una conversación tonta en la cola del lavabo de la sala pop del razz hace muchas semanas; un par de chicas me colaron porque era evidente que me estaba meando y no intentando ligar con ellas (a saber cómo se hace). Es que muchas veces te quedas mejor cuando meas o cagas después de haberte aguantando mucho tiempo, que con un polvo. Luego les colé yo y volvimos a reirnos con la teoría.

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3 comentarios

Me hace ilu ser el primero. No veas, antes muerto que sencillo escribiendo. Está guay.
P.D. Ya me contarás que tal te fué la última vez que nos vimos.. Si te acuerdas ;)

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dieinch, es fácil si lo intentas. si lo intentas. si lo intentas. knfff. si lo intentas. knfff.
no mucho que contar; me fui al poco. se acabaron las palomitas y estaba hasta los huevos de pensar y hacer fotos.

sofia, quiero creer que habrá alguna baldosa que cumpla con su función fronteriza.

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