cinco de enero

La segunda planta de un edificio en Diputación aplasta menos que las paredes de mis cuatro paredes y debe ser porque es mucho más amplia y aquí sentado miro por la ventana de mi izquierda hacia el patio interior que anida en esta manzana como cualquier patio que lo haga en cualquiera del Eixample.

Hace un rato habían dos Silvias en la planta de un edificio en Diputación. Una marchó hace poco y la otra hace mucho más tiempo, despidiéndose de mí con que no sigui res mientras yo fumaba cerca del pasillo y movía con el pie derecho una bola anti-stress que simula la Tierra. Yo simplemente estaba pensando en los cinco de enero por la noche antes de aquel de semen y olor a sexo cuando índice y anular se aproximaban a mis labios para la calada.
No recuerdo que le contesté a Silvia pero, aunque no tenga nada que ver, me gusta pensar que para esta noche me apetece ensalada de pasta, torrada de botifarra y chacolín en el vasco cerca de Plaça del Centre con mi amigo; e invito yo para quitarme de la cabeza el lunes noche con mi cerveza rancia, su frankfurt seco enorme y la sensación de huída agónica que provoca el andén once de la estación de Sants, el del euromed.

Bajé a comprar tabaco y después de sonreir porque vi a un hombre entrar en un sex-shop sigiloso mil, pensé en que igual Silvia me vió con semblante ensimismado y previamente me había escuchado con voz aún tomada desde que estuve en el país de las personas que tienen fiebre. Sí, es posible que durante la mañana de este cinco de enero me olvidara de cómo se hacía para evidenciar que necesitaba comer en compañía o un café o hablar o contar o reir; pierdo la noción del habla. Pero tengo excusa: no todos los días se sueña con que fallan las piernas al intentar correr por la plazoleta o la replaceta -que son el mismo lugar, sólo que no recuerdo qué versión utilizaba yo-, ni todos los ayeres a los días de esos sueños se sueña con que se sueña. También soñé con aviones pequeños despegando.
El comentario atemporal me sorprende más porque nunca hablé nada con ella excepto el lunes cuando le pregunté si venía a desayunar con los demás y hace dos miércoles cuando me reconoció en Diputación con Passeig de Sant Joan y le dije que me daba envidia la gente que coge los autobuses de Ryanair, porque no sabía qué decir.

por lo demás intento saber dónde iría si huyera. sólo tonteo, no “pasó nada”.

sonrío

* diputación desde la azotea del edificio de esa calle.

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