cronopio, chaninus y la casa de lucy

En este bar restaurante mexicano sólo había tomado una fanta naranja o quién sabe si un nestí, y en él, ahora, con un café con leche, en una silla de patas altas que no he rechazado porque es misteriósamente cómoda, sigo pensando en el palabro “cronopio”. Desde ayer que comencé y no sé qué significa. Hasta lo memoricé en el móvil no sea que olvide; su número es el veintidós.

Antes de continuar, sólo mencionar el acento mexicano que escucho y relaciono con Ulises, nombre del director de mi proyecto final de carrera -ya casi cuatro años que acabó-. Fue curiosa, el viernes por la tarde, a eso de las cuatro y cuarto, la vista al vagón que quedaba a mi derecha teniendo en cuenta que yo me apoyaba en el lado de las puertas que sólo se abren en Universitat y pocas estaciones más. Allí estaba Ulises, con el pelo más corto y perfectamente visible a pesar de la doble capa vídrica que imponían las ventanas.

Cuando vi Eternal sunshine of the spotless mind no conseguí retener cómo llamó Mary a un libro de citas célebres, y desde hoy me gustaría que “cronopio” fuese la palabra.
Amanecí a las dos pasadas del mediodía, y lo primero que hice fue comprobar si el enlace era posible. Mary le llama Bartlett, y yo anoto:

::MARY:: Blessed are the forgetful, for they get the better even of their blunders.
::MARY:: Nietzsche. Beyond Good and Evil. Found it my Bartletts.
::STAN:: That’s a good one.
::MARY:: Yeah, I can’t wait to tell Howard! It seems really appropriate.
::STAN (a little sulky):: It’s a good one all right.
::PATRICK:: What’s your bartlett’s?
::STAN:: It’s a quote book.
::MARY:: I love quotes. So did Winston Churchill. He actually has a quotation in Bartlett’s about Bartlett’s. Isn’t that trippy?
[…]
::MARY (sputtering):: There’s another one I like, I read. It’s by Pope Alexander.
::MIERZWIAK:: Alexander Pope?
::MARY:: Yes, shit. Oops, sorry! (puts hand over mouth) Sorry. It’s just I told myself I wasn’t going to say Pope Alexander and sound like a dope and then I go ahead and do it. Like I psyched myself out.
::MIERZWIAK:: It’s no big deal.
::MARY:: You are such a sweetheart.
(There’s an embarrassed moment as that line hangs in the air. Then Mary plunges ahead to bury it.)
::MARY (CONT’D):: Anyway, the quote goes “How happy is the blameless Vestal’s lot! The world forgetting, by the world forgot: Eternal sunshine of the spotless mind! Each prayer accepted, and each wish resign’d”.
(She smiles, proud and embarrassed.)

Y mis ojos hoy no están impostados hacia sendos huecos craneales como lo hacían ayer mientras me encargaba de deborar un bocadillo de tortilla de queso. Me gusta la tortilla de queso.
La impostación ocular me cambia la faz, al parecer.
Un factor común con ayer esta siendo el café con leche y múltiples cigarros en el cenicero, como si se tratara de uno largo con el que intercalaba respiración.
Al café de ayer sábado le sigió un cortado y el citado bocadillo -con pan de pagès y tomate-; simuláneamente a éste, una mediana; después, sin él, otra y un quinto apresudaro; ya cerraban.
Siempre me gustaron los bares que no tienen nada -les llamaba cutres-, por aquello quizás de las pequeñas cosas. Suelen estar habitados por personajes e historias más auténticas que los bares de modernos, que están bien, pero están llenos de modernos. Es como Gracia, me gusta mucho pero lo malo que tiene es que está en Gracia. Habitan historias dignas de películas de Almodóvar.
También, cerca de donde trabajo, por el centro oeste de Barcelona, alguien pasea un perro blanco lanoso, que invierno luce un chaleco rojo para canes; aún y así, suele tiritar. Camina como un gorrión entre inocente, miedoso y curioso.
También, diría yo, que un travesti de voz grave y arrugada por el tiempo, parecida a una canción de Sabina, que pasea tres perritos de raza típica impertinente de buena familia a los que se dirije cuando se alejan de su radio de control, aunque tenga que interrumpir su tarea de limpiar las puertas de tiendas y fincas de flyers de fiestas gays o clases de chino.

Releo y me hace gracia caer en los andares de las otras especies animales. Enigmático también, que algunos pájaros anden y otros avancen con el diminutivo de salto. Los canarios y jilgueros están en el segundo grupo. Los periquitos en el primero.
Mi abuelo me regaló un jilguero por la primera comunión. Murió al poco y por eso, al poco de nuevo, me llevaron a los pajaritos, un mercado dominical en el barrio de la Torrasa.
En los pajaritos se vendían animales domésticos, pollos y patos de colores eléctricos y bonsays falsos que consistían desde arriba para abajo en musgo y un trozo de rama gruesa clavada en la maceta a golpe de yeso o cemento bajo capa de tierra marrón.
Me gustaba ir allí sobretodo si quería me compraran algo. No me gustaba si mis padres se enfadaban, porque faltaba uno de ellos. No me gustaba nada no ir porque llovía. Odiaba no ir cuando mis padres se peleaban.
Después de los pajaritos siempre comíamos en casa de mi abuela pollo a l’ast y después los dibujos de los domingos. Me vino ahora la canción de los diminutos como también me vino la de Willy Fog en el césped del Nexus, mientras el primer beso. Los dientes chocan. Por qué mueve la lengua así?

Agoto el café con leche y la segunda hoja que he traído por previsión, po si dejaba de estar desinspirado. Con los pajaritos pretendí escribir sobre Chaninus, el nombre de mi primer periquito, que me compraron allí. Estaba esquifido, pero me miró fijamente apenado y no pude evitar señalarlo; creo que siempre me estuvo agradecido, de algún modo. Tanto era para mí que confeccioné un storyboard para la película Chaninus en Nueva York en el que él iba de Barcelona a Nueva York en una caja redonda de ojalata –imported cookies Danish Ballet– con la que jugábamos y yo llamé Chaninus Muvies; entonces, por supuesto, ni sabía qué era un storyboard ni que muvies venía de movie’s, aunque sonaba a movimiento, que era lo que quería.

Chaninus tuvo un hijo al que llamé Paco, que fue del Betis desde que mi padre me llevó al campo por primera vez. Jugábamos contra los béticos el año que subieron a primera de nuevo; empate y una entrevista frente a mí… qué vergüenza.
Chaninus era culé. Ernesto, mi periquito de ahora, no le gusta el fútbol, por eso le da por hablar e imitar movimientos.
Me acordé de Chaninus ayer, en el bar mientras el partido el café con leche y el cortado. El comentarista explicaba que en Albacete animan a su equipo con cánticos cuya letra dice: “Alba, Alba, Alba”. Sonreí mientras echaba de menos mi cámara cuando en la televisión aparecía una pancarta con “Arriba Alba” o algo similar y bajo la pantalla, en una pizarra no muy arcáica pero a lo retro, estaba escrito el menú de ayer sábado con la u de menú en mayúscula y diéresis encima. Esa vocal con ese signo está inevitablemente asociado a personas que, en todos los sentidos, están lejos de Alba y más cerca de mí, así casi de puntillas; y por eso sonreí. Parece una gilipollez -lleve ll o y-, pero me gustan esas pequeñas cosas con las que no te sientes solo queriendo estar solo.

Alba como cuatro letras y una palabra, aparecía mucho por aquellas latitudes; parecía una partícula de uso corriente, un nombre común allí, en los carteles de estilo anglosajón de Edimburgo.
Frente a uno de ellos había una figura enorme de un indio, y vi a Alba, ya no como letras y una palabra, sino como pasado haciéndome una fotografía con éste, porque ella solía llamarme indio con frecuencia; yo no me veía feliz en esa foto, pese a lo real de la visión.

Ayer hubiera escrito descapitalizando las palabras y guardé lo que pude para hoy.
Imaginar que escribo ordena mis vivencias mis pensamientos, así que lo hago a menudo e intento titularlos, y es como si lo hicera con los posts.
La última canción en casa es Lisa says de The Velvet Underground, la retengo y hasta este mexicano se ha ido mezclando con la noche del viernes, aunque un fallo en mi memoria cambia Lisa por Lucy; por eso, parte de mis pensamientos reciben el título la casa de Lucy. Esa canción es el viernes por la noche.
Le pega Lucy, suena a diminutivo de su nombre y canción de los Beatles con color a flores de celofán; si ella es Lucy, es colores; por eso las imágenes que prevalencen parecen estar hechas con una lomo; lentes de plástico.
Pero es puta escribir aquí sobre la casa de Lucy porque en ella se sentó cerca de mí, a mi derecha, en una silla desde donde se inclinaba para alcanzar el ratón de su ordenador y llevar el cursor a modo de dedo para señalar frases que yo había escrito aquí.
Intento mantener el principio de escribir aquí lo que quiera, me lea quien me lea.
El silencio esdrújulo permite obviar cualquiera de los cinco sentidos para apreciar lo profundo de quien duerme cerca.
Eva dormía a mi izquierda. Se apreciaba el sueño profundo desde la paz de su manta; y Lucy a mi derecha, pero su sueño era de los primeros, de los más cercanos a la superficie relativa a los cinco sentidos. Estaba inquieta quizás, sin marcar los cambios de posición con un suspiro.
Yo, en el centro, sentía lo dicho y miraba al frente: el cigarro, el cenicero y la ceniza. Quería dejar de tener calor; una nausea momentanea coincidió con el sentir doble; y los matorrales de ideas.
Por dos momentos cedí a la parte que no se avergüenza de la ternura; fue cuando, al cambiar de posición en el sofá, se destapaba por la espalda y yo le tapaba. Es como verter el azúcar sobre el café ajeno de alguien cercano mientras no separa las manos de la taza para entrar en calor.
Agradecí que estuviera dormida. Ahora, aunque lo lea, es distinto.
La otra parte me hizo levantar al poco y buscar su ordenador para vomitar el momento y de paso alejarme. Iba a escribir que hacía unos meses bromeaba y escupía palabras como test de concavidad vaginal y que no sabía/sé si es posible cambiar la naturaleza de uno. Me gustaba hablar guarro; me sentía más seguro hablando así; no me gusta la vulnaberabilidad que siento cuando miro como miro o hago de acorde a como miro.
No sabré si se desveló por intuición o si se sentó cerca por coraje o si se desveló y se sentó cerca por lo mismo que contesté cuál era mi post preferido antes de que lo preguntara.

Categorías:

personal

4 comentarios

Me gusta mucho el nombre de Lucy y también yo soy de colores.
Seguro que Lucy se ha sonrojado al leerte.
Se desprende mucha ternura y sentirse vulnerable no es un defecto por mucho que algunos nos hayan hecho malaprender.
un beso. Me ha encantado.

Me gusta

Add a Response

Your name, email address, and comment are required. We will not publish your email.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

The following HTML tags can be used in the comment field: <a href="" title="" rel=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <pre> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

A %d blogueros les gusta esto: