entonces: adverbio de tiempo

[now playing: me apetece el silencio]

A veces, y cada vez más de ellas, tiendo a ocultar que también la música menos alternativa me llega a donde quiera que llegan las cosas como las que suceden estos días; sí, por ahí llegan… por ahí dentro.
Pero lo siento, también me gusta la música comercial que enjuician los modernos. Por mimetismo lo he aprendido a hacer -eso de ocultar- y me he acostumbrado a acercarme a lo Velvet y alejarme de lo Sanz; porque sí.
Pero no olvido que entonces, cuando nació el mp3 y al Napster le llamaban el gato, cuando el discman era mucho menos pijo que el móvil, pero llevar discman denotava pasta, la última canción de la cara B era Lounge Act y por medio de la cara A andaba Mónica Naranjo cantando que era una chica normal, en una edad especial y fantasía en el pelo, y que él era un muchacho feliz, con buen porvenir y pantalones vaqueros; y Swallowed y Let down estaban cerquita. Todo ello cabía en una cinta que solía escuchar de camino a la universidad, andando para no engordar o adelgazar, ya que no tenía huevos de meterme los dedos por la boca, porque todo lo que es contrario a lo que es natural, me produce sudor fría. Los complejos se han sofisticado; deben ser energía por aquello de que ni se crea ni se destruye, se transforman; en realidad sólo difiero en que sí que se crean; suerte de cierto sentido de la lógica, a parte de mi estupidez.

Gasté pilas con la penúltima de Más, mientras me desquitaba de Dios -me da coraje pornerlo con minúsculas-, tornándome adicto a God is a concept by which we measure our pain y aprendiendo a buscar mis objetos directos para I don’t believe in.
Entre éste y el anterior párrafo, he visto que Lennon también capitalizó.
Por entonces Celia me lloró su ya lo sé cuando le lloré mi sabemos que si se acaba, será para siempre cuatro años antes de un beso de buenas noches naranja para Alba; los cinco de aquella llamada y el uno después de hace un año, me cogerán en alguna calle de Edimburgo sintiéndome de algún modo yo mismo.
Por entonces también murió él y desde entonces me pareció empezar un día muy largo. Creo que no hace mucho que me desperté.
Hace poco me acordé de nuevo de la canción, seguramente porque en mi actitud no soy tan evidente y porque muchas de las frases ya me pertenecen.

Hace un rato fumé el último cigarro sentado donde lo hacía algunos domingos esperando con mi padre y La vanguardia a mi madre; esta vez esperaba saber más de lo que escribo, que en cierto modo es lo que me sucede. Sentado ha sido cuando he recordado aquella cinta que me llevó a pensar en la universidad y dos nombres de entonces que no han perdido brillo en mí más allá de como se defina la amistad -que ahora no importa-; no lo han hecho aún naciendo entonces, cuando dos frases al día conmigo significaban amistad. Para los demás soy nazi.

Hace un rato me dicataba lo que quería escribir sobre el útlimo párrafo, mientras mi madre aún despierta me contaba un chiste en el que Iker Casillas es el portero con más frío porque juega con diez mantas.

Las imágenes de los años treinta y cuarenta saben mezclarse en mí con reminiscencias que son mías; o las provocan; siempre ha sido así, como entonces con la canción de A vista de pájaro o la canción de Informe semanal, que conseguían ponerme triste.
Las imágenes de entonces no provocan lágrimas depravadas, despojadas de significado, de cocodrilo. También han sido saladas y desconozco el origen de ellas al ver esas imágenes, pero, como a veces saben al yayo y la yaya, pienso que su origen es por tener conocimiento de la ley de vida y el desencadenante de preguntas sobre la muerte y lo finito de todo.
Hoy esas imágenes fueron también diferentes a entonces, cuando esos programas de televisión.
Así es porque noto metralla clavada con interrogantes dentro y ahogo el cariño, me inclino a la izquierda en vez de a la derecha, aunque sienta tan cerquita. Aún tan cerquita, me viene a la memoria lo que es la variabilidad, el de un día para el otro, las más putas de las pólvoras.
De nuevo, sentir doble.

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3 comentarios

Sentir doble… al menos sientes, yo me estoy volviendo un corcho, sabes? fría, y no me gusta…
La segunda vez que fuí a Inglaterra, allá por julio del 2000, sonaba Mónica Naranjo, las cintas no eran mias, pero la voz que cantaba con los otros sí, y la que se reía, y la que no lloró porque esta vez no tuve hermano inglés ni a Raúl… pero si tuve dos amigas, con las que me porté mal porque siempre me acaba dando pereza escribir cartas y porque Madrid y Burgos quedaban muy lejos… Y no digo más que desvarío.
Te mando un abrazo para que te lo lleves a Edimburgo, cuéntame si ves rastros de plumas negras por las calles…

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ahora mismo preferiría no sentir; tiendo a setnir siempre, así que una temporada larga sin nada más me gustaría. creo q deberías estar tranquila, pq creo q tú tb eres así. si el cuerpo te pide tal que así, pues que así sea… q no está mal, ya te lo digo yo.
quien sabe si Burgos y Madrid se cruzarán de nuevo con Sevilla. tomorrow never knows.
take note y me lo llevo a Edimburgo. te traeré otro. ahora te dejo uno :) más

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