a qué huelen?

Si miramos al cielo esta semana veremos canciones de otoño y oiremos cielos como los de este atardecer dirección Universitat por Gran vía o como los que se huelen desde hace dos días mientras cruzas Gelida por las zonas en las que hiela en invierno. Me encantaba oir esa expresión.
Adoro la sintonía de el temps y los mapas de perturbaciones y anticiclones; pero, sobretodo, adoro el gráfico de la previsión de temperaturas para la semana. Es muy fácil hacerme feliz, o quizás eso creo.

La cocaína no huele así -como ahora-, sólo sabe amarga y, ahora que lo pienso, he perdido la cuenta de los días que llevo sin aspirar a través de cinco euros, aunque sólo lo hice dos veces; pese a todo, no sé si volverá a pesar como lava en mis fosas; ni tampoco sabría decir a qué suena la cocaína.
Las pastillas suenan a cualquier melodía reverberada y huelen al olor del sudor del sol.
El viernes vimos mientras bajábamos, unos que subían metiéndose; de ellos nos separaba el nulo tránsito de Joan Güell y -más allá de las discontinuas por abajo y las prematuras luces de Navidad por arriba- nos separaba la sensación de que bajando estaba oliendo en cinemascope los olores de los cielos de los que hablo y apreciando el sonrojado más tenue de dos mejillas con tinto.

El sábado olió a noche y chacolín, y sonó extraño en algún momento -tiendo a grabar los vinilos con canciones al revés y sentir doble; se vive más-.
Hacía frío sobre las seis de la mañana -siempre aprieta, antes del alba-, pero me sentía bien allí por Rambla Catalunya, sentándome sobre mis piernas en cruz, con la chaqueta hasta arriba y viviendo ese momento como un café en ese bar que haces tuyo; como el de hoy, que ya es mío. Me encanta Barcelona. Y hablar en ella.
Un rato antes, pregunté a una chica si sabía cuántos eran los Beatles y no supo contestarme. Me río.
Horas antes decidí no follar con velas ni porros a medias. Sigo sin ser puta. Me río.
Hora antes decidí no volver a besar a quien no quiera. Sigo esperando. Sonrío.
Qué putada, prefiero sentarme cerca y muy cercano; venga, vamos a mirar al mismo sitio. Sonrojo.

Travis suena a lo que se huele en otoño.

^ la fotografía la hice mucho más tarde, el nueve de junio de dos mil seis

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5 comentarios

La primera.

Me gusta levantar la mirada aunque sólo sea por un momento. Es bonito mirar al cielo y buscar su olor.
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Disfrutando del silencio compartido.

Besos de mejillas sonrosadas.

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La cocaina no sé a que huele ni a que sabe. El speed sabe a gotas amargas resbalando al fondo de la garganta y a quemazon en la nariz. Las pastillas huelen a una fiesta en mitad del campo, a polvo, a tierra, a calor, a chicle de menta y acuarius… Pero ya no me gustan esos olores…
Cuidado, el tinto puede ser más peligroso, hay personas a las que las desata, lo digo x experiencia…
Un abrazo contra el frío

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alhua, mil :) ¿lo sabes?
sigue levantando la mirada más aún, vale? todo huele mejor, lo sabes? seguro q sí, por lo del idioma. 1abr

lü, me alegra saber q no te gustan esos olores, según con qué lo mezcles es siniestro total. mejor sonríe y recupera tu olor, vale? 1abr

mitadedemi, está grabado en vinilo, para que un día sea clásico. traviiiss neennggg!!!

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