life on mars

Le estoy dedicando demasiado tiempo a un párrafo que tan sólo pretende decir que no sé si estoy borracho aún, o simplemente tengo resaca.

Sólo te escribo para contarte; porque hoy recordé que me crié con mis abuelos en el barrio de Pubilla Casas. Me gusta que las paradas de metro tengan nombre de barrio. En la otra acera había una farmacia y todos se conocían. Allí me compraban calcio -que estaba bien rico- y la solufilina -rojo, realmente asqueroso- y el ventolín para los pitos. Hoy tengo pitos, debería empezar a aborrecer el tabaco. En esa farmacia estaba el señor Ventura, con gafas de Buddy Holly -aunque yo aún no sabía quién era éste-; la señora Carmen, practicante de inyecciones infantiles, peliroja y muy dulce. Los dos eran catalanes, como oía entonces. Sonrío; porque es gracioso que lo diga yo, que soy catalán, y lo he heredado de mi infancia con mis abuelos maternos, que eran andaluces. Aquello se decía cuando alguien hablaba catalán y se le notaba cuando hablaba castellano. A mí se me nota lo contrario, aunque sé más catalán ahora que trabajo.

En la misma manzana había la papelería del señor Antonio. Siempre que enfermaba mi abuelo iba a comprarme algo allí: unos bolígrafos con gomaborratintadeboli en la capucha -me parecía milagroso, de siempre el boli era para cuando sabías escribir bien, porque no se podía borrar-, acuarelas, gomas con olores, clips grandes para montar iconos con personalidad. Mi abuela me compraba la teleindiscreta porque coleccionaba pegatinas de V. Mi abuelo me compraba unas mariquitas a cuerda, sólo cuando el momento lo requería, pues era un regalo de cierta entidad ya.

Después de la farmacia, la papelería y la tienda de las mariquitas te llevo a la guardería, que va de paso; porque quiero contarte que una vez me hice punta al dedo y empecé a sangrar, pero me consolaron con una gran venda. La profesora encuñó mi mano para que formara un puño. Luego me cogió suave el índice, separándolo del resto. Mira, ya eres ET. Tenía ceguera con los extrarrestres.

También tenía un amigo que se llamaba Gabriel; una vez le hice daño, pero no recerdo cómo.

Había una niña más pequeña que yo en la plazoleta -donde estaba el kiosko en el que hacían las teleindiscretas- que me empujaba fuera del parque central. Yo -dicen- miraba a mi madre, buscando saber qué debía hacer porque lo iba a hacer. Siempre has sío demasiao bueno. Sí, quizás.

Ahora que releo, diría que en el párrafo de antes se me han colado más lineas. En algún momento he perdido el control. Nunca me había pasado.

Otra niña me preguntó una vez, antes de la hora de comer, por qué a veces había mucha luz en la clase y, a veces, se apaga de repente. La luz se colaba por las claraboyas de arriba. No supe contestarle, pero sabía que la yaya era muy lista y me lo diría después de comer. Me contestó con el acento andaluz de la yaya, probablemente más del que tiene ahora: son las nubes, que tapan al sol por el viento. Puede haber algo más bonito que juntar tres palabras con tanta vida? Sólo falta el aire, casi. La yaya siempre sabía. Esa misma tarde trasladé mi nuevo conocimiento a Montse -así se llamaba-, pero no quiso creerme. Yo estoy jodidamente convencido que la historia de Montse será cual punto cardinal en las cosas que vivo.

Me gustaba oir a mi abuelo quejarse cuando el Madrid o España fallaban. Echo de menos oir ha llegao ya el chiquillo? Una vez compraron un sofá nuevo para la habitación de la televisión y no se sentó hasta que yo llegué, porque quería que los estrenáramos los dos. Éstas no son amargas.

Una vez ahogué a un canario que quería con locura tal, que aún me duelo.

Mi abuelo, cuando no iba a la guardería, me llevaba a la Moncloa. Si yo tenía guardería, él iba a la Moncloa o a los viejos. Allí hablaban de política o me explicaban cosas, porque yo siempre he comenzado callando y he acabado riendo y preguntando. Me gustaba ir de la mano con él y nunca me molestó el olor a tabaco negro. Sonreí ahora al releer la Moncloa, porque años después me costó asmimilar que estaba en Madrid, y eso que era para mí el centro de todo: las radios eran de Madrid, el un, dos, tres lo hacían allí, Mecano y Hombre G cantaban en Madrid, las películas españolas pasaban en Madrid.

Te voy a contar otra cosa más, menos reminiscente sin duda. Sobre ayer y mi intento de expulsar el puto aliento a alcohol fuera de mí a base de sal de lágrimas sin sentido -entonces-.
Sobre ayer y mirar sin foco y decir necesito un puto cigarro cuando realmente prentendía si estuviera sentado delante, saltaba.
Sobre ayer y manía de sentir doble.
Eso, ayer presentí muy fuerte que mi destino no está en este cielo, este sol y estas nubes. No, no me preguntes tú, que yo no lo sé; es simple: lo presiento.
Estoy de paso. Bueno, sólo era eso.
Cuanto más me conozco, más lo veo. Veo en vosotros trozos de mí, a modo de totem para que tengáis suerte.
Tenían razón cuando me hablaron sobre mi cabeza y el peligro y las virtudes de tenerla y aún más el de usarla. He aprendido desde entonces mucho más de lo que creo. Aprendí aquello de ser convincente, o transmitir seguridad o dar paz. Es jodido, a veces. Lo es cuando te das cuenta que te gusta mucho traducir los ajenos “problemas” a poemas y dar de lo que no se ve, para quien se acerque se aleje mejor. Pasa extrañas facturas. Creo en las energías, y creo en los cruces y reconozco mi hueco en vuestros puzzles. Me gusta haceros sonreir. Hoy sonrío doble, vale?
En fin, que os echaré mucho de menos, cuando llegue lo que sea que esté llegando. Y cuando muera, como si fuera Ed Bloom, vale?

Pa’ quién lo quiera.

^ la farmacia desde las cortinas de la yaya

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personal

7 comentarios

Ayer, justo antes del concierot de Extremo (por fin), deseé no sentir, desee no pensar, ser sólo carne con ojos, una ameba: Los seres vivos nacen, se reproducen y mueren, sólo eso. Eso quiero ser, al menos por un tiempo, para desintoxicarme de tanto sentimiento encontrado y de tanta emoción contradictoria. No sé, creo que a ti tb te haría falta, uan cura de sueño, dormir sin soñar, olvidar un poco, o no olvidar, sólo anestesiar un poco el corazón, a veces duele demasiado, a veces sólo es un herida… Me estoy enredando…
Sigue haciendo viento, te envio más abrazos

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¿Sabes? Este post me ha encantado. Ya se por qué vuelves atrás, lo que me falta es saber por qué buscas esas reminiscencias, igual para encontrar el cómo te construiste.
Peligros y virtudes de tener esa cabeza y usarla… :-) Complicas la historia desdoblándote en protagonista y antagonista. No te quiero decir con esto que sea malo, todo lo contrario, pero es trabajo triple; el papel de uno, el del otro, y el ejercicio de salir de uno y convertirte en otro.
Me voy a fumar un cigarro y voy a seguir leyéndote para atrás, a ver a quién me encuentro.
Un beso

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Una marcha atrás soberbia. Me impactó. “Una vez compraron un sofá nuevo para la habitación de la televisión y no se sentó hasta que yo llegué, porque quería que los estrenáramos los dos”. Es imposible olvidar cosas así.
Felicidades :)

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una vez me premiaron una redacción, la profe me preguntó si me habían ayudao..pues no, pero reroducia cosas que me contaba mi abuelo…
me gustó, espero estes sin ver doble ya..me gusta mucho tu radio.

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lü, no sé hacerlo mejor :) siempre es así. todo es intenso, pero no sé hacerlo de otra manera. mi opción siempre ha sido sentir; por ejemplo, sentir que dejas de sentir algo. aquí ya hace frío y huele todo más. por aquí tienes otro abrazo.

lulamy, me halagas. confieso que me ha costado seguirte :) sigo pensando que en todo lo que hago está todo lo que hice. por eso, a veces voy con demasiao… :) 1beso para ti tb

Nakazanius, tú tb me halagas. :) 1abr de no sé que decir pq estoy mu halagado.

siloam, tienes buen gusto musical eh ;) la verdad que quisiera actualizarlo más a menudo, pero es lento de hacer y siempre me sale algo más urgente

gracias a todos por pasar por aquí :)

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