La canción de Radiohead al final

[suena el último de Colplay, música de otoño, no?]

Crecen las ganas de que empiece agosto. No creo en el ave fénix, ni en la tan usada “has cambiado”, ni ya en la evolución, etc. ya sabéis, el uso continuo acaba corrompiendo cualquier palabra. Sí sé que viajar me da otro aire, otro tipo de fuerzas, otra luz en la mirada, una esencia o lo que coño necesite uno para vivir día a día con alegría y evitando caer en las desilusiones que te da cualquier tipo de relación con cualquier ejemplar del género humano. Por suerte, tus rincones fuera de Barcelona te esperan y te recuerdan que hay más como ellos tan cerca o tan lejos como te lo propongas. Y están. Y por eso quiero llegar a Berlín. Algo grande debe estar buscándome allí, no?

SÍ.

Hace nada hablaba por el mess con una francesa de nombre nepalí que conocí en una fiesta. Su papel en mi vida no va más allá que el de actriz de reparto, con categoría suficiente como para contarme que las almas cercanas que no se aman, también se separan. Un linda metáfora, inútil quizás, con la que quería dramatizar el hecho de ver como cada día recuerdo menos a mi (odio el término pero allá va…) mejor amigo, y cada vez hace menos por recordarme cómo es a la luz del día. Antes entristecía, dolía, pero ahora prefiero saber menos y menudo síntoma es éste.

[No recordaba que en este disco estaba The Scientist. Está canción me recuerda a varias cosas: la primera fue en Liverpool hace dos inviernos. Subía, precisamente con ese amigo, algo así como el Portal de l’Àngel de Liverpool. La tocaba un tío con la guitarra. Tenía ese sabor a piel de gallina rociada con melancolía de frío. Perfecta. La segunda cosa que me viene a la cabeza es una persona que se dedica a flotar en burbujas de aire turbio por mi cabeza; como no, niña! bienvenida otra vez, empezaba a echarte de menos!]

La francesa de nombre nepalí me ha dicho dos cosas en menos de dos líneas: ella montó una fiesta a la que fui invitado, pero no avisado (por é) y a media fiesta fueron (él y sus amigas-compañeras de piso, todo en uno) al Apolo. Como no puedo enfadarme, voy a ser seco, no pienso olvidar y voy a tener en cuenta absolutamente todo lo que he medio obviado. ¿Qué puedo perder? Un amigo que se transformó en un compañero ideal para mis aventuras lisérgicas (recírpocamente), un amigo de un amigo que “no se enfada” si vuelve solo a casa, un amigo que “como no hay nadie mejor que él mismo para reprochar” -eso sí, borracho- reprocha las actitudes de los personajes que se basan en él. Es natural enfadarse, tanto como amar. Es natural desilusionarse y actuar en consecuencia. Eso no es amistad. Amistad es preocuparse, es mútuo. La amistad no es esto, ni siquiera su mitad. Basta, criatura, sé que te enfadas, pero es así… así brillarás más. Debe ser así.

Son días extraños. De nuevo creciendo. Días más otoñales que veraniegos. Con ganas de ver nieve en la playa, lejos de montañas de gente desconocida. Añoro una playa con almas cercanas abrazándome y queriendo ser abrazadas entre miradas perdidas en vez de llamadas, miradas de nuevo que contagien ambición desde el aire hasta la orilla.

Has descansado? Qué tal tus sueños? Ayer me hubiera gustado hablar de los dibujos de tu libreta, de lo que escribes, de cómo tantas cositas… Yo salí un rato después que vosotros y poco antes de entrar en el metro estabáis casi justo ahí -dicen que es pq camino rápido, jejeje- y tuve que frenar. Casi os saludo, pero estabais en una nube caramelo cogidos y, realmente, no me atreví y me colé entre la gente mirando a todos los sitios menos allí :) (pongo el smiley para que no confundas y notes tono irónico or whatever).

Esto le decía hace más de dos meses a la que se cuela sola por aquí. Qué fácil me resultó negar a mi intuición un nuevo acierto. Realemente era de caramelo, y tu ¿creías disfrazarlo? Creo que escribir sobre ti, escribir en un mural como este, es mi manera de decir adiós. Quizás like spinning plates, en el lenguaje primitivo de los indios, sea decir adiós. Pero como los indios confiaban en las cosas que no se ven, le dan ese sentido figurado propio: un adiós de los que no se dicen y deben ser dichos aunque sea en solitario, porque de otro modo permanecen. La expresión en sí, viene a decir que pasan muchas cosas a la vez, de origen distinto, como mil platillos en la playa viniendo hacia ti. No?

El viernes estuve por donde vives, evitando rozar un ecuentro nervioso. La idea de no volver a verte es dolorosa pese a sana, aunque bálsamo sería concebir una duda: a veces me recuerdas y sonríes. Por último, recordarme que sigue siendo maravilloso hacer el amor y placentero follar.

Te conté mis ganas deseosas de ser un gran volador. Me encantaría saber volar. Poca gente lo sabría. Quizás nadie. Sería mi gran secreto. Un secreto de tal responsabilidad e implicación que debería conocer a mis confidentes a la perfección. No traciones. Por las noches sueño con perderme entre las nubes. Ser tan rápido que pudiera cruzar el Átlantico en una sola hora. Si supiese volar, lo haría bajito y por las noches. Si supiera volar, las noches nubladas las vería al revés. No sería el cielo quien estuviese nublado, sino la ciudad. Volaría alto cuando la calor ahogase. Pq allí arriba encuentras el frío cuando quieras. Si supiera volar, visitaría la cima del Empire State cuando nadie puede entrar. No tendría prohibiciones. Sólo volar. Ser invisible es malo, pq me gusta corresponder miradas.

^ en parís mucho tiempo después, el veintinueve de agosto de dos mil seis (ella siempre me llamaba indio)

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personal

5 comentarios

He dado con este blog gracias al Google. He leído el 29 de junio y me ha encantado, así que no he podido evitar seguir leyendo; seguir bajando la página hasta que he descubierto con cierta tristeza que no había más. Mucho de lo que escribes me recuerda a mí misma, sobre todo los comentarios que tienes respecto a la desilusión que te pueden provocar ciertas cosas o ciertas personas, y me he sentido tan identificada (y podría decir que incluso comprendida), que he sido incapaz de no llorar.

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Creo que pasamos por situaciones parecidas, cada uno a su manera, y supongo que sentimos más o menos las mismas cosas en estos momentos. Yo también pasé por donde vive, y no estaba de camino, tampoco quería verlo, solo recordar.
Pienso que es maravilloso hacer el amor y, sé que para él, tan sólo era placentero. Pero a fin de cuentas, de nada me arrepiento, que quien no arriesga no gana y supongo que todo esto pasará.

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