Página 23

Me ha gustado esta iniciativa:
1. coge un libro
2. ábrelo por la página 23
3. lee la quinta frase
4. escríbela copiando íntegramente estas instrucciones

-Un momento, busco un libro-

“Tal vez el cuento es del todo incomprensible y ahí radica su gracia.”
(París no se acaba nunca, de Enrique Vila-Matas)

La verdad es -confieso- que no soy para nada un buen lector; leo muy de vez en cuando y no he conseguido adquirir el buen hábito de la lectura. Pese a todo, cuando leo un libro y me meto, lo vivo. Lo siento y hago mías las vidas que se esconden en él.

De nuevo ayer pisé el Apolo. Estaba muy muy lleno (será por el Sonar y el Anti Sonar?), hacía un calor húmedo imponente, casi sexual; además no abrieron todas las luces hasta casi las 7.
Y de nuevo, química. Poca y controlada, por eso. No hubo por mi parte ni rave, ni afters, ni nada por el estilo. Aún y así he llegado tarde pero contento de la decisión de llegar a casa por más energía que tuviera en el cuerpo. Ya me he sentido suficientemente sucio semanas atrás como para repetir. De hecho, ahora me siento un poquitón. Y débil. No consigo dejar de fumar (me viene a la cabeza un capítulo de Friends en el que Chaendler decía: “Es que… fumar mola!”. No quiero decir que fumar mole, pero sí empezó así. Fumar daba un status. Fumar te permitía estar solo y molar más. Atraer. Quizás. Lo de la química, simplemente debería dejar de ir allí. La tentación bien lejos. Pero no me gusta sentirme débil. Es algo parecido a “ojos que no ven, corazón que no siente”. El corazón debería aprender a no sentir él solito.
Me recuerdo intentado reterner la mirada, empeñada en cruzarse con otra mirada. Hubieron cruces, pero la veleta de mi timidez, junto con la desconfianza que tengo a todo lo que surge de mi, desestimaron cualquier opción positiva.
Pero recuerdo una chica morena, de ojos muy negros que miraba de vez en cuando. Bailé detrás de ella, acercándome sin intimidar. Incapaz de dejarme llevar por el sexo, por la humedad sexual envolvente, y por la euforia de la química, ni siquiera intenté saber su nombre. No sé si cuando ella se echaba un poco para atrás, hacia mí, o cuando miraba en mi dirección entre hombros y manos… no sé si todo eso significaba algo, no sé si puedo adjetivar de sugerente todo aquello. Me sentí orgulloso de no ser un buitre, o de si lo he sido, no ejercer, por lo tanto no lo fui. No encajo en el rebaño de buitre la hazaña de buscar un abrazo, un beso en la mejilla desde detrás mientras abrazas su cintura. No considero de buitre dar la mano, querer compartir la mejor vista de una ciudad, la peor de las alegrías y la mejor de las penas, buscar una foto… Supongo que eso llegará, que de algún modo no tengo cómplice porque debo crecer en algún sentido, o debo aprender más en otro. Tengo ganas, lo admito, pero acepto mi camino y tendré fe y no olvidaré que existe, que no todas son iguales, que lo de hasta ahora ha sido casualidad y una consecuencia de no usar la inteligencia emocional.

Me sorprendió el día de ayer siendo el santo de quien antes, mucho antes, su nombre sonaba a alma. Muchas felicidades, de aquellas silenciosas y sin rencores, pero sin olvidar que no nos aceptamos y que, tristemente, no creo que volvamos a vernos.
Es tan grande la ciudad, que nos caemos los dos.
Y probablemente yo soy como un recuerdo triste de Granada del que huyes alejándote de él; de nuevo.
‘Cause Lennon’s on sale again, como nosotros.

El viernes conocí -por llamarlo de alguna manera- a varia gente en la fiesta de fin de curso -no canté ;p-. Acabé en els Enfants. Una de ellas se llamaba como quien… la de antes. Todo bien. Buena gente. Pero alguien se cerró. O yo, o ellos, o ambos. Creo que en Barcelona, no somos muy abiertos. A ver si tendrán razón.
Al menos lo voy a intentar. Ser abierto. No dejar que la veleta sople hacia la evasión.
Cuando hojeas blogs, te das cuenta que hay más gente que siente muy parecido. Eso es lo que hace que yo tb les siga.

Qué bien que haya refrescado. Intentaré disfrutarlo mientras dure.
Dentro de poco me iré a hacer un horchata a la Valenciana mmm.
Se me ha colado la imagen de estar en la playa, pero no quiero solo. Solía a ir al Masnou (si decidía el norte) o a Gavà (si decidía el sur). En Barcelona hay demasiada gente. Y ahora esos nombres pesan más, aunque es fácil de liviar (si no existe me la invento) si uno va hasta allí.

Releyéndome, creo que no parezco lo que soy. La vida interior. Es lo q tiene.

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personal

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