punto de no retorno

imagino que también sucede eso que decías cuando me veías con miedo cuando el avión estaba a punto de echarse a volar. no sé en qué podía ayudarme cuando decías que había un punto de no retorno a partir del cual el avión no podía frenar, sólo podía seguir acelerando para volar. una vez arriba me lo volvías a repetir, sólo podía llegar a su destino, no podía volver a casa. tú eras el valiente y yo, pues eso…. yo. como cuando tomábamos drogas y a mí me lo decías para que me dejara llevar y sucediera lo que tuviera que suceder. ahora me encuentro con que vivir también tiene ese momento. hoy lo he vuelto a ver en tus ojos, como si ya no hubiera marcha atrás. te das a otras manos. te despides menos de mí haciéndote la única cosa por la cual soy capaz de llorar. de no tener huevos de volver a vértelo hacer dos veces en una misma despedida y sentarme en los pies de una cama esperando a que me pase el llanto. de verdad, quisiera vivir como vive el resto. daría lo que fuera por sentir como os sentís en esas fotos de instagram. en las fotos que no me inclues. hace poco leí un titular: un hombre en alicante muere y nadie comienza a echarlo en falta hasta el segundo día, como si en su casa echaran en falta lo que debía haber comprado en el mercadona ese hombre. salía en un diario importante. pues eso. cierro los ojos en la cama y hundo la almohada en mi nuca para intentar aferrarme a algún recuerdo y sólo me vienen recuerdos de momentos dejados de vivir. malditas sean las horas. todas. y malditas sean todas las personas que me han podido hacer así. todos los paseos en coches en vez de a pie, todas las vidas que me han dicho que me quieren por momentos y todas las cosas que me habéis dicho hasta convertir esa parte mía en esto. me pregunto dónde estuve en el punto de no retorno.

disasociar

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son cada vez más los días en los que me levanto yo y no mi corazón, que se queda en la cama. con el nórdico en el segundo armario más lejos de la cama, echándolo de menos porque una sábana y una manta no sirven suficiente para taparse y no sentir nada. digo el corazón porque es donde primero se me ocurre que se siente. al poco te veo; voy a tu cama que fue mía, una ikea sultan. te acaricio tu pelo de persona risueña que lo será siempre y, por más que mi corazón se haya quedado en la cama, no puedo evitar sentir tanta y tanta pena. da igual el motivo, ya sea porque un día puedan dañarte o porque un día ya no voy a estar o porque un día tú no vayas a estar y yo no tenga otro remedio que si no vamos a estarnos no quiero estar nunca más. y pena, sobretodo, porque no sé vivir nada. y cada día que pasa sin saber hacerlo creo que es un día que te pierdo, un día menos que nos queda y un día más en el que deberías estar mereciéndote una persona, un padre mejor.

fácil, nada, nadie y mejor

una vez iba a escribir en un papel que lo tenía pensado. que lo quería hacer, quería matarme y lo iba a hacer; porque nunca podré merecerte y estaba decidido a dejar de sentir por sentir algo por última vez. porque ya estoy roto, estropeado y no tengo arreglo y ya no queda nada por volver a hacer. y otro yo va a ser demasiado fácil. por eso iba a escribirlo: demasiado. fácil, nada, nadie y mejor.
ese día a una amiga le dijeron que tenía un tumor. y, claro, me he pasado una infancia escuchando que dios me iba a castigar por sentir cosas que se supone no debería sentir; cómo yo puedo pensar en que no puedo más y no quiero seguir cuando tumor es cáncer y cáncer es muerte. así que no escribí nada en un papel. al final mi amiga no tenía ningún tumor, se habían equivocado. ya no es mi amiga y yo sigo aquí.