st germain (ii)

cuando te veo cómo estás estos días, miro hacia atrás y consigo entender con todo el dolor del mundo que me hago una pregunta: ¿en qué momento se tiene la certeza de que lo que se da a quienes se quiere no les es suficiente? me duele tanto vernos cuando te miro hacia abajo dándome la mano y llevándome hacia un juego simple. sea un tren con vías que hay que montar, sea un autobús de juguete o sea cualquier cosa de las que te tanto gustan. te imagino mirarme no sabiéndome decir que sabes que estoy pero no estoy y entristecerte de alguna manera al ver que no quiero estar, que no me llena lo que me das ahora. y sentirte solo, con todas esas cosas que das, tú, allí sentados, mirándome y sintiendo exactamente que no sirven.

tan verdad es todo lo que siento como que no quiero sentir nada de esto. porque es como si yo fuera él y tú fueras yo. creéis entenderme gratis y fácil, pero nunca veis esto, que es lo que está detrás de cada palabra que digo de más.

st germain

ayer tenía que ser un día feliz pero no lo fue. todo estuvo por empezar mientras pude mantenerlo sin empezar y por eso acabó de repente con cada una de todas esas palabras. habían dos chicas a como dos mesas del bar que, mientras el vacío se hacía con éste y conmigo, se daban la mano. durante todo el rato del final no pararon de hacerlo. una, la de la derecha, daba la mano izquierda a la de la derecha, que daba su derecha a la de la izquierda. a veces cambiaban de mano porque se las daban de una manera demasiado bonita como es darse la mano en el aire, sin tocar esas mesas cuadradas de bar que imitan madera oscura y tiene los cantos negros. jugaban con sus dedos en el aire mientras se comían y las bebidas frías se calentaban también. movían los dedos y se los entrelazaban varias veces poco a poco hasta que la fatiga de sus brazos en el aire aparecía y cambiaban. yo sólo las miraba a veces pero sabía lo que hacían en todo momento, como si aquello ya hubiera sucedido pero a mí. sentía que quería que alguna de ellas, al salir de ese bar e ir a ponerse la una de la otra, de camino, dijera tan sólo una de todas esas palabras y una tristeza partiera ese momento en dos momentos, uno para cada, y que, entonces, una, mirando hacia abajo, echara una lágrima en el escalón de un portal cualquiera mientras la que mira hacia arriba, que será quién acabará llorando durante más tiempo cada noche cuando todo acabe, tuviera por primera vez la certeza que querer no es suficiente y por eso querer duele.

punto de no retorno

imagino que también sucede eso que decías cuando me veías con miedo cuando el avión estaba a punto de echarse a volar. no sé en qué podía ayudarme cuando decías que había un punto de no retorno a partir del cual el avión no podía frenar, sólo podía seguir acelerando para volar. una vez arriba me lo volvías a repetir, sólo podía llegar a su destino, no podía volver a casa. tú eras el valiente y yo, pues eso…. yo. como cuando tomábamos drogas y a mí me lo decías para que me dejara llevar y sucediera lo que tuviera que suceder. ahora me encuentro con que vivir también tiene ese momento. hoy lo he vuelto a ver en tus ojos, como si ya no hubiera marcha atrás. te das a otras manos. te despides menos de mí haciéndote la única cosa por la cual soy capaz de llorar. de no tener huevos de volver a vértelo hacer dos veces en una misma despedida y sentarme en los pies de una cama esperando a que me pase el llanto. de verdad, quisiera vivir como vive el resto. daría lo que fuera por sentir como os sentís en esas fotos de instagram. en las fotos que no me inclues. hace poco leí un titular: un hombre en alicante muere y nadie comienza a echarlo en falta hasta el segundo día, como si en su casa echaran en falta lo que debía haber comprado en el mercadona ese hombre. salía en un diario importante. pues eso. cierro los ojos en la cama y hundo la almohada en mi nuca para intentar aferrarme a algún recuerdo y sólo me vienen recuerdos de momentos dejados de vivir. malditas sean las horas. todas. y malditas sean todas las personas que me han podido hacer así. todos los paseos en coches en vez de a pie, todas las vidas que me han dicho que me quieren por momentos y todas las cosas que me habéis dicho hasta convertir esa parte mía en esto. me pregunto dónde estuve en el punto de no retorno.